Tomás Alonso Sanjuán, salesiano laico

El jefe del taller de imprenta del colegio San Bartolomé de Málaga, don Tomás Alonso, había nacido en Vitigudino, Salamanca, el 13 de marzo de 1893. Con 13 años, ingresó en el aspirantado de Écija (Sevilla), aunque, después, marchará como aspirante coadjutor a la casa de Sevilla- Santísima Trinidad, donde aprendió el oficio de impresor. Profesó como salesiano en San José del Valle (Cádiz) en 1915.

Entregado a su oficio de impresor, su vida de profeso sólo conoció un cambio: dejar tras quince años la casa de Sevilla- Santísima Trinidad (1914-1929), para encargarse de la tipografía de Málaga, cargo que desempeñaba al arreciar la persecución.

Uno de los testigos del proceso diocesano, aseguró que a don Tomás, en aquellos días del estallido de la guerra, se le veía con un fervor especial: “Si hay que dar la vida –decía- nosotros la daremos”.

En la noche del 30 al 31 de agosto, apenas concluido el bombardeo de Málaga por los franquistas, los milicianos invadieron la prisión. Ordenaron a todos los encarcelados ponerse en pie, con los brazos en alto y comenzaron a hacer la selección para la ejecución. “El primero seleccionado fue don Tomás que dormía junto a la puerta de la brigada”. Hacían la selección tan al azar que incluyeron entre las víctimas un empleado del colegio y don Tomás intercedió por él asegurando que no era sacerdote ni religioso, súplica que fue escuchada y el empleado volvió a su puesto, “ya que el odio por Cristo no encontraba en él la requerida motivación para matarlo”.

En el elenco de la saca, don Tomás tenía el nº 57. Conducido junto a los muros del cercano cementerio de San Rafael, fue privado de la vida, únicamente porque era religioso salesiano.