Antonio Pancorbo López, salesiano presbítero

El catequista de la casa salesiana de Málaga, don Antonio Pancorbo, había nacido en la capital malagueña el 30 de septiembre de 1896. En el oratorio festivo y en las escuelas salesianas de la ciudad brotó su vocación salesiana. Tras el aspirantado en Écija (Sevilla), ingresó en el noviciado de San José del Valle (Cádiz). En 1917 profesó como salesiano en Utrera (Sevilla). Fue ordenado presbítero en Cádiz en 1925.

Su apostolado sacerdotal se desplegó en los colegios de Utrera, Las Palmas de Gran Canaria y “su Málaga del alma”, donde sufrió la persecución y el martirio.

Según el testimonio de un sobrino –alumno interno en las escuelas-, cuando el día 19 de julio su padre fue a recogerle a él, le ofreció a don Antonio, su hermano, su casa con la seguridad de que aquel mismo día zarparían en un barco inglés, rumbo a Gibraltar. Pero don Antonio le respondió que deseaba compartir la suerte de sus hermanos salesianos de la comunidad.

La noche del bombardeo de Málaga –30 de agosto- por las tropas de Franco, fue señalado como una de las víctimas. Un miliciano quiso arrancarle la medalla de la Virgen que pendía de su cuello. “Si me habéis de matar lo mismo, dejadme que muera con la medalla”, protestó enérgicamente. No obstante se la arrancaron violentamente, arrojándola al suelo, de donde la recogió otro salesiano que la devolvió a su dueño. Don Antonio la besó con ternura y la colocó de nuevo sobre el pecho.

Al partir hacia la muerte, advirtió con don Tomás Alonso, la presencia del señor Cárdenas, empleado del colegio, por quien intercedió para que lo indultaran. “No vengo a pediros nada para mí, vengo a interceder por un obrero, que se halla en fila para ser ejecutado. Él ni es sacerdote ni es religioso”.

Pudo también don Antonio aquel día escapar de la muerte, merced a una jocosa circunstancia. Sus pantalones eran muy cortos para salir de la cárcel y el policía le mandó que se los cambiara. Entre tanto, el cupo de alrededor de 60 víctimas se había cerrado, por lo que quedó descartado aquella noche.

No ocurrió así el 24 de septiembre. La saca de aquel día lo incluyó con el número 211, junto al director de San Bartolomé, don Manuel Gómez Contioso, y otros dos hermanos coadjutores, don Esteban García y don Rafael Rodríguez. Todos fueron asesinados junto a la tapia del cementerio de San Rafael.