Tomás Gil de la Cal, aspirante

Según ha quedado dicho ya, al salesiano coadjutor don Juan Codera le acompañaba un aspirante a la vida salesiana, el día que fueron a visitar, por la mañana y por la tarde, a los salesianos presos en la cárcel de Ventas. Este aspirante, Tomás Gil de la Cal, que desapareció con don Juan Codera el mismo día 25 de septiembre de 1936, estaba refugiado con él y otros salesianos en la pensión Vascoleonesa. Las circunstancias de su martirio, nos son, pues, conocidas ya.

Nacido en Guzmán, Burgos, Tomás fue educado por unos padres cristianos que, además de cumplir con las obligaciones religiosas, fomentaban en la familia el amor a la Virgen con el rezo del Rosario. Él, por su parte, no descuidó desde muy joven las obligaciones del buen cristiano. En cierta ocasión, hallándose con otros jóvenes en la ciudad de Burgos, y mientras éstos pensaban en divertirse, él se abstuvo de acompañarles, alegando que deseaba ir a confesarse. Tomás era una persona buena con todos, incapaz de hacer daño a nadie. El día 7 de marzo de 1898, había llegado a la casa de Carabanchel Alto como empleado doméstico, pero, en contacto con los hijos de don Bosco, sintió la llamada de hacerse coadjutor salesiano. No llegaron a cumplirse sus deseos, pues, como ya sabemos, Tomás, se vio envuelto, en la persecución religiosa desencadenada poco después del alzamiento militar contra la República del Ejército de África. Su asesinato por odio a la fe impidió que se pudiera realizar su deseado proyecto de vida. Valeroso al hacer el bien a sus hermanos, Tomás no temió el martirio; al contrario, se puede decir que lo deseaba; cosa que consta implícitamente por el hecho de acompañar a don Juan Codera por segunda vez el mismo día.