Juan Codera Marqués, salesiano laico

Este coadjutor salesiano de la comunidad de Carabanchel Alto, nació en Barbastro, Huesca, el 25 de mayo de 1883. Trabajando como empleado doméstico en la casa salesiana de Sarriá pidió ir al noviciado, profesando como salesiano en Carabanchel Alto en 1919. Allí siguió hasta que en 1929 fue destinado al colegio María Auxiliadora de Salamanca y al cabo de un año al de Madrid-Paseo de Extremadura. En 1933 volvió a Carabanchel Alto, donde, como enfermero, seguía en 1936.

Junto con los demás hermanos de la comunidad del seminario salesiano de Carabanchel Alto, don Juan Codera fue detenido el día 20 de julio de 1936. Durante el traslado desde el Ayuntamiento a las escuelas que sirvieron primero de cárcel, le arrancaron  de las manos el rosario, y recibió como castigo un empujón que casi da con sus huesos en el suelo.

Junto con don Enrique Saiz, el coadjutor, don Pablo Gracia, y el aspirante Tomás Gil de la Cal, don Juan Codera estaba refugiado, como ya sabemos, en la pensión Vascoleonesa de la calle Puebla, 17. 

El día 25 de septiembre, por la mañana, salió  para ir a la cárcel de Ventas, donde estaba recluida la comunidad de Mohernando, junto con el inspector de la Céltica, don Felipe Alcántara. Le acompañaba el aspirante Tomás Gil de la Cal. Ambos se despidieron indicando que regresarían por la tarde para confirmarles las noticias sobre una posible entrada en Toledo de las tropas de Franco.

 A primera hora de la tarde, pues, tras la comida, salió otra vez de la pensión acompañado igualmente por el aspirante Tomás Gil de la Cal. Visitó primero, en la pensión Arriba, a don Juan Castaño y don Maximiliano Francoy. Allí se le intentó persuadir para que no volviera a la cárcel de Ventas, pero el coadjutor dijo que no pasaría nada. No se supo más de él ni del aspirante que le acompañaba. Parece ser que, a ambos, los detuvieron en las cercanías de la cárcel, la misma tarde del 25 de septiembre. Las frecuentes visitas a los salesianos allí detenidos, habían avivado las sospechas de los milicianos, que, finalmente, no sólo los detuvieron a ellos también sino que los asesinaron. Se ignoran las circunstancias de su muerte.