Valentín Gil Arribas, salesiano laico

Nació el 14 de febrero de 1897 en Rábano, Valladolid. Hizo el aspirantado en el colegio de Carabanchel Alto y, allí mismo, el noviciado, profesando como salesiano en 1916. Al, entonces, pueblo cercano a Madrid regresó tras estar, sucesivamente, en Alicante, Sarriá-Barcelona y La Coruña. En 1927 fue destinado a Astudillo (Palencia), en 1930 a Mohernando (Guadalajara), un año después, a Carabanchel Alto de nuevo y en 1935 al madrileño colegio San Miguel Arcángel, donde, al cabo de un año, sufrió la persecución que le llevó al martirio.

Eran características de don Valentín, el espíritu de trabajo y una caridad que dejaba siempre contentos a los hermanos. En verano, con gusto iba a alguna de las casas en que había colonias escolares. Sencillo y bueno, no se retraía de pedir perdón, cuando su genio vivo, le hacía excederse.

Como se ha dicho ya, don Valentín compartió vicisitudes con don Manuel Martín, después de dejar ambos el colegio del Paseo de Extremadura. Juntos se acogieron en el domicilio de un conocido y más tarde se trasladaron ambos a una pensión de la calle Atocha. En el registro que sufrieron allí el día 17 de septiembre, don Valentín fue apresado y conducido a la comisaría del distrito. Al día siguiente ingresó en la cárcel Modelo donde permaneció hasta que, el 16 de noviembre, fue trasladado a la prisión de San Antón. Los tribunales populares le condenaron por ser religioso y once días más tarde, el 27 de noviembre, el delegado de Orden Público firmaba una irónica y trágica “orden de libertad” para 46 presos de dicha cárcel, entre ellos don Valentín Gil. El día 28, “cumplimentada” esta orden, los cuarenta y seis presos incrementaban el número de fusilados en una de las tétricas expediciones a Paracuellos del Jarama.