Esteban Vázquez Alonso, salesiano laico

Nació en Carrizo de la Ribera, León, el 27 de junio de 1915. Huérfano desde pequeño, fue acogido y educado por un tío sacerdote, que le puso a estudiar en el colegio de los Jesuitas de La Coruña. Su vida de sencilla y sentida piedad, unida a la pureza, fueron terreno abonado en el que germinó su vocación al estado religioso. Tras estar cuatro años en el seminario de los Capuchinos de El Pardo, se sintió llamado a la Congregación Salesiana a través de un hermano suyo, Vicente, que ya era aspirante salesiano.

Esteban ingresó como aspirante coadjutor en el colegio salesiano de La Coruña, en el que permaneció hasta su entrada en el noviciado de Mohernando (Guadalajara) en 1935. Cuantos le conocieron alaban la pureza y bondad de su alma, la serenidad de su rostro y la nobleza de su corazón. Los fervores de su año de noviciado culminaron con su generosa y alegre profesión como salesiano coadjutor el 23 de julio de 1936. Pocos días antes había estallado la revolución y sus consiguientes secuelas de persecución religiosa en los pueblos y ciudades de España que, tras el levantamiento del ejército de África y sucesivo comienzo de la Guerra Civil, habían quedado en zona republicana. El recién profeso, con todo, irradiando calma y serenidad, animaba a su hermano Vicente: “Tú no te separarás de mí. Si tenemos que morir, hagámoslo juntos”.   

En unión con toda la comunidad de Mohernando, el camino de Esteban hacia el martirio comenzó también el 23 de julio de 1936. De ella sólo se separó cuando, el 2 de agosto, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara, con otros cinco jóvenes salesianos compañeros suyos y su director, don Miguel Lasaga,  fusilándolos a todos allí el  6 de diciembre de 1936.