Pascual de Castro Herrera, estudiante de filosofía

En Topas, Salamanca, nació el 2 de septiembre de 1915. Desde 1931, pasó cuatro años en los madrileños colegios salesianos del Paseo de Extremadura y de Carabanchel Alto, distinguiéndose por el estudio, la disciplina y una alegría contagiosa.

En las relaciones familiares era franco y espontáneo, vivía inmerso en el estudio que le resultaba fácil; estaba convencido que la confesión y comunión debían ser más frecuentes, en aquellos años en que se perseguía a la Iglesia en España. Señalaba el cielo como lugar de reposo de las dificultades y luchas. Se mostraba decidido al escribir a su familia el 2 de junio de 1933: “Ya sabéis que a los religiosos les ha sido prohibido enseñar, pero han sido respetadas las casas de formación; y si fuera necesario salir de España, no dudo que vosotros me dejaréis marchar, ya que yo estoy dispuesto a cualquier cosa”.

En el verano de 1935 ingresó en el noviciado de Mohernando (Guadalajara). “Cuando la madre, llorosa en la vestición de la sotana, le hizo notar el peligro que corría si continuaba en el seminario, debido a que en aquellas fechas comenzaba a arreciar la persecución, le contestó con gran valentía: “Madre, ¿y yo qué puedo temer? Lo peor que nos podría pasar es morir, y en tal caso soy feliz”. El mártir profesó como salesiano, en Mohernando (Guadalajara), en 1936, cinco días después de que hubiera comenzado la Guerra civil.

El mismo día de la profesión religiosa, el 23 de julio de 1936, precisamente, fue  detenido junto con toda la comunidad. El 2 de agosto fue trasladado a la cárcel de Guadalajara y, el 6 de diciembre de 1936, fusilado en compañía de su director y de cinco jóvenes salesianos más, compañeros suyos.