Amparo Carbonell Muñoz, hija de María Auxiliadora

Nació en Alboraya, provincia y diócesis de Valencia, el 8 de octubre de 1893. La suya era una familia de campesinos, acostumbrada al trabajo y a la austeridad. Después de conocer a las Hijas de María Auxiliadora de Valencia, Amparo deseó adoptar su género de vida y consiguió hacer la profesión religiosa en Barcelona-Sarria en 1923. La revolución de julio de 1936 la sorprendió dedicada, como siempre, a los trabajos de la limpie­za, del cuidado de la granja y del cultivo de la huerta y del jardín. Junta­mente con sor Carmen Moreno y otras Hermanas, fue a refugiarse en la finca Jahr, que tenía dos entradas: una, por la calle Alta de Gironella, n. 1, y la otra, por la calle María Auxiliadora, n. 23.

Las Hermanas tuvieron suerte: se las arreglaron para obtener de la Generalität de Catalunya, todos los permisos necesarios para salir a Italia. El viernes 7 de agosto embarcaron nada menos que 65.

Pero una Hermana, sor Carmen Xammar Carmetase hallaba en la cercana clínica Corachán: hacía unos días el 20 de julioque la habían operado de un cáncer ya muy extendido. ¿Quién se quedaría a cuidarla? La directora, sor Felisa Armendáriz, debía partir con el grupo a Italia, ya que figuraba como titular del pasaporte colectivo...

Fue entonces cuando se ofrecieron voluntariamente la vicaria, Carmen Moreno, y una humilde trabajadora que servía para todo, sor Amparo Carbonell. Fue, sin duda, un acto heroico de solidaridad.

Las dos voluntarias y la convaleciente fueron a establecerse en el caserón de los señores Jahr. El día 29 de agosto un anciano sacerdote jesuita les lle­vó, a escondidas, la comunión. Ellas se confesaron y comulgaron. Pero, el 1 de septiembre, una patrulla de la FAI vino a efectuar un registro y se lle­vó a las tres... Eran los milicianos los que delataban, juzgaban, sentencia­ban y ejecutaban.

Después de tres días de encierro en un Comité de la FAI, las interroga­ron. A Carmeta Xammar, herida de muerte por la enfermedad, la deja­ron libre. A Carmen Moreno la tomaron equivocadamente por la directora de la institución y a Amparo Carbonell, por una súbdita suya. Pero ellas nunca negaron su condición de religiosas. «Murieron —señala la testigo Pilar Alsina Roselló— precisamente por el hecho de no haberlo negado». Seguros, pues, de que eran religiosas, los mili­cianos las asesinaron. Corría ya el 6 de septiembre de 1936. Son las «protomártires» del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.