Alexandre Planas Saurí, laico

Nacido en Mataró, provincia y diócesis de Barcelona, el 31 de octubre de 1878, no se sabe cómo y por qué fue a parar a la casa salesiana de Sant Vicenç como empleado. Ciertamente, en 1905 ya estaba allí. Cabe estudiar su figura en las cuatro dimensiones siguientes.

El hombre. Alexandre era una persona disminuida: no oía y hablaba muy bajo, si bien, gracias a su mirada penetrante, lograba entender al inter­locutor por el movimiento de los labios y responderle con lucidez. Pero, más allá de todas las deficiencias físicas, sobresalía por su corazón bueno y generoso. La gente de Sant Vicenç, le llamaba el «sord des frares» (el sordo de los frailes).

El artista. Alexandre tenía alma de artista. Carecía de escuela, usaba ins­trumentos rudimentarios y trabajaba materiales pobres. Pero, aislado del ruido exterior por la sordera y absorto en la contemplación mística, con­seguía plasmar en la materia los sentimientos más íntimos de su vivencia religiosa.

El creyente. Alexandre era un cristiano que confesaba externamente la fe que llevaba dentro. Y el cauce por donde hacía correr sus sentimientos religiosos era la meditación en la pasión y muerte de Jesucristo. La cruz constituía el centro de su espiritualidad.

El salesiano. Alexandre amaba sinceramente a Don Bosco y apreciaba, sobre todo, la obra del Oratorio Festivo (Centro Juvenil). A pesar de sus limitaciones físicas, conseguía ser un auténtico animador de los juegos y de las excursiones. Debido a la sordera, no pudo profesar entonces en la Con­gregación Salesiana, pero consta que tenía votos privados. Su salesianismo se reveló admirable y significativo en la coyuntura de julio de 1936.