Félix Vivet Trabal, estudiante de teología

Nacido en Torelló (o Sant Feliu de Torelló), provincia de Girona y dió­cesis de Vic, el 23 de enero de 1911, entró en el colegio salesiano de Barcelona-Rocafort el año 1922. Se encontró a gusto. En consecuencia, manifes­tó su deseo de ser salesiano. Profesó como tal en 1928. De 1934 a 1936 cursó los dos primeros años de teología en la Pontificia Universidad Gre­goriana, de Roma. Durante este tiempo, su vocación salesiana y sacerdotal se fue consolidando firmemente.

Al comenzar el período veraniego, Félix había vuelto de Roma y se encontraba en la casa de Sarria. Expulsado, como todos los demás salesianos, el día 21 de julio, se marchó a Esplugas, a donde se había trasladado su familia. Él se mantenía tranquilo: «Tenía simpatía entre la gente del pue­blo —declaraba la madre, María Trabal Sola—. Iba a Barcelona a recibir los sacramentos que se administraban a escondidas, recitaba el santo rosario en familia, nunca intentó huir o esconderse, y sus palabras eran siempre de aceptación de la voluntad de Dios».

El 22 de agosto, estando ausente de casa Félix, llegó un camión de mili­cianos armados. Registraron el domicilio. Sólo encontraron un rosario de Félix, escondido en su colchón. Pero los milicianos acabaron por arrestar al padre de Félix, Joan, y a su hermano, Ramón. De la casa de Esplugas los llevaron a otra que poseían en Collblanc. Félix, al volver al domicilio de sus padres y enterarse de lo que había ocurrido, dejando sola a su madre, voló a reunirse con su padre y su hermano.

A partir de este momento comienza un intenso calvario para la familia Vivet. Y termina trágicamente en un segundo arresto, ocurrido el 25 de agosto: «Por la tarde, a eso de la siete, se presentó el camión que he dicho —es la señora Trabal la que atestigua—, y los llevó fuera [a los tres: mari­do y dos hijos]. No quisieron llevarme a mí también, que no quería sepa­rarme de ellos. En la despedida, noté en ellos una gran entereza de ánimo. Mi hijo Félix me dijo: 'Madre, hasta vernos en el cielo'».

Aquella misma noche fueron fusilados cerca de Pedralbes. Los tres cayeron abrazados. La madre encontró sus cadáveres en el Hospital Clínico de Barcelona y dispuso que los enterrasen en el cementerio del antiguo pueblo de Sants.