José María Castell Camps, salesiano presbítero

Nació en Ciudadela, provincia y diócesis de Menorca, el 12 de octubre de 1901. Fue alumno de los salesianos de aquella localidad a una edad muy temprana. Profesó en 1918 y fue ordenado sacerdote en 1927. Llegó a la comunidad de Barcelona-Tibidabo en 1933. Cuando sobrevino la revolu­ción de julio de 1936 llevaba nueve años de sacerdocio. Abandonó aquel lugar el miércoles 22 y encontró un sitio en la Gran Vía barcelonesa. Con todo, para comer, le resultaba cómodo y agradable acercarse al domicilio de la señora Obiols Vínoles, donde se encontraba también con otros sale­sianos que estaban de paso: «Vivían contentos y hacían las prácticas de pie­dad —asegura doña Dolores Obiols—; a veces también los oía cantar en voz baja algunos de sus himnos y cánticos; es decir, vivían con mucho opti­mismo y valor [...]. Jamás les oí frases duras contra los perseguidores, a los cuales consideraban verdaderos ciegos, inconscientes de las propias accio­nes»45.

Hay datos suficientes para afirmar que la detención de don José María tuvo lugar el martes 28, por la tarde.

Porque hacia las diez, o diez y cuarto, de la noche se presentaron varios milicianos en el domicilio de la señora Obiols Viñolcs. Venían por don Pablo Baraut. Se produjo un altercado, porque la señora defendía a su sobrino. Uno de los milicianos quiso provocar un careo entre don Pablo y otro salesiano, que ellos traían en el coche. Era don José María Castell Camps, a quien le hicieron subir al piso. Estaba pálido y turbado, pero resignado. Siguió la discusión: el padre Castell afirmaba que conocía a don Pablo, pero no sabía si era estudiante o sacerdote. Además, si debía decla­rar, sólo lo haría ante el Comité.

Según testimonio de la señora Obiols Viñoles, en un momento del altercado que se originó entre los mismos milicianos, «don José María pidió a don Pablo que le diera la absolución»46. Y se fue con sus verdugos. Aquella misma noche —del martes 28 al miércoles 29— lo sacrificaron.