Sergio Cid Pazo, salesiano presbítero

Nació en Allariz, provincia y diócesis de Ourense, el 24 de abril de 1886. Entró como aspirante en la casa salesiana de Barcelona-Sarria. Le aceptaron a la primera profesión religiosa en 1906 y le ordenaron sacerdo­te en 1912. De 1914 a 1936 —22 años sin interrupción— estuvo en Sarria como catequista o animador espiritual de la sección de estudiantes.

Como Recaredo de los Ríos, Sergio Cid fue adquiriendo una gran madurez humana, cristiana y sacerdotal. Todos lo consideraban como un santo y como un gran educador. Debió de presentir la prueba que se cer­nía sobre la Iglesia y sobre él mismo. «En uno de los últimos sermones, en uno de los últimos domingos, tal vez el mismo 19 de julio de 1936 —es un recuerdo del antiguo alumno salesiano Mariano Laborda Gracia—, nos habló con tal ardor del martirio por causa de Jesucristo, que parecía prever lo que iba a ocurrir, y que derramaría su sangre por Cristo».

A los pocos días, alguien le vio deambulando, como un pordiosero, por el Paseo de la Bonanova, en el barrio de San Gervasio, sin saber a dónde dirigirse. Según algunas referencias lo detuvieron en el tranvía. Las averi­guaciones efectuadas por su hermano salesiano, Luis, añaden que «después de declarar su condición de sacerdote salesiano, fue conducido en un coche por la carretera de Sarria hasta las proximidades de la estación del funicu­lar de Vallvidrera, en donde tuvo lugar el martirio». Según el historiador Amadeo Burdeus, su cadáver ingresó en el Hospital Clínico de Barcelona el 30 de julio.