Francisco Bandrés Sánchez, salesiano presbítero

Nació en Hecho, provincia de Huesca y diócesis de Jaca, el 24 de abril de 1896. Cuando la familia se trasladó a Huesca (1905), el niño Francisco empezó a frecuentar el colegio salesiano de la capital. Entonces fue aflo­rando su vocación. Se hizo salesiano en 1914 y sacerdote en 1922. En 1934, después de haber dirigido la casa de Mataró (1927-1934), le pusieron al frente de la de Barcelona-Sarria. Bandrés era un hombre de acción y de gobierno, al servicio de la misión salesiana entre los niños y jóvenes.

Y así, cuando, a partir del lunes 20, la revolución llegó a las puertas de su casa-colegio, optó por mantener la serenidad y la continuidad: confiaba en Dios y, también, en los mismos internos, que podrían actuar como de escu­do defensivo. Pero, llegada la hora de la expulsión —las cinco de la tarde del martes 21—, el director reunió a los suyos y dio a cada uno 100 pesetas (¡de entonces!). A partir aquel momento, cada salesiano debía mirar por su vida.

Él encontró cobijo en casa de su hermana Pilar. Durante los primeros días, tanto él como don Celedonio Macías Pascual —que lo acompañaba— se sentían relativamente seguros: salían de casa y hacían en común sus rezos. Pero apenas tuvieron noticias de la muerte de algunos religiosos, temieron. El padre Bandrés no tuvo suerte al no disponer del pasaporte para tomar el tren, como proyectaba, el día 3 de agosto, y dirigirse al extranjero. Contrariado, regresó al domicilio de la hermana.

Pero, aquella misma noche, se presentaron tres milicianos. Preguntaban por el salesiano Ramón Cambó Torras, administrador de las Escuelas. Al no encontrarlo, querían llevarse a don Celedonio Macías. El padre Bandrés intervino categóricamente: «Yo soy el director». Fue su sentencia de muerte, pues resultó inútil que tratara de defender ante los agresores el bien social que desarrollaban los salesianos en Sarna. Se lo llevaron al Hotel Colón, situado en la Plaza de Cataluña y sede del Partido Obrero Unificado Marxista (POUM). Al parecer, su vida concluyó en los sótanos del mismo hotel.