Antonio María Martín Hernández, salesiano presbítero

Nació en Calzada de Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Coria (Cáceres), de una familia muy cristiana, el 18 de junio de 1885. Por consejo de un tío suyo sacerdote cursó los estudios de Magisterio, que terminó en Salamanca. En esta ciudad conoció a los salesianos. Entró en la Congregación en 1913, cuando tenía 28 años cumplidos. Después de un corto período, una vez concluidos los estudios eclesiásticos, recibió el presbiterado en 1919.

Con esto, el padre Martín se convirtió en el tipo ideal de educador. En 1923 fue Maestro de Novicios en Barcelona-Sarria, a los cuales les inculcó especialmente una devoción que llevaba en el alma: la devoción al Corazón de Jesús.

En julio de 1936 era director de la casa de Valencia-Sagunto y estaba entre los Ejercitantes. La noche del asalto del lunes 20 al martes 21, fue terrible para él, ya que los milicianos le humillaron con la simulación de su fusilamiento.

Libre de la cárcel, como los demás, el miércoles 29 de julio, el padre Antonio Martín encontró refugio en casa de doña Ricarda Alemany, a don­de fue también a parar el sacerdote José Giménez López. Según la señora, juntos «hacían las prácticas de piedad, rezaban el rosario, recitaban el Bre­viario y hacían la meditación»8. Pero los milicianos les seguían los pasos y, a los quince días, el 3 de septiembre, los arrestaron y los condujeron a la Cárcel Modelo.

Con esto, eran cinco los salesianos que, apresados de nuevo, fueron a parar a la cárcel de Mislata: los sacerdotes Recaredo de los Ríos, Antonio Martín y José Giménez, y los hermanos laicos (o coadjutores) Celdrán y García. Antes de proseguir la historia de Antonio Martín, conozcamos mejor a sus compañeros de cárcel.